lunes, 18 de marzo de 2013


CAVENES. TIERRA. AGUA. ORO

     ¡Están locos estos romanos!, que diría Obelix. Sí, lo estaban, ¡por el oro! Hay que remontarse al año 200 a. C. para empezar a presenciar los primeros signos de actividad minera aurífera del imperio de Roma en territorio peninsular (Río Tinto, Almadén, Cartagena). En la zona norte de Lusitania habría que esperar sin embargo a la llegada al poder del célebre emperador Julio César Augusto, quien tras conquistar esta región demostró gran interés en la explotación minera de la zona, pues sus metales (especialmente el oro) servirían para financiar las futuras campañas militares.


     Un interesante ejemplo de estos trabajos lo encontramos en Las Cavenes, declarada Bien de Intreés Cultural (BIC) como Zona Arqueológica, dentro del espacio natural protegido de las Batuecas-Sierra de Francia. Con el nombre de Cavenes conocemos popularmente una serie de desmontes artificiales localizados al pie de la Peña de Francia. La ruta guiada y el centro de interpretación de la minería (de los que luego comentaremos más detalles), se ubican concretamente en el municipio salmantino de El Cabaco, a 33 km de la Fuente de San Esteban. Podemos llegar allí en poco más de media hora desde Casa Lillo, dirección Tamames y continuando por la SA-204.

     A diferencia de otros sistemas utilizados por los romanos en explotaciones vecinas como Las Médulas, aquí ellos emplearían los "surcos convergentes". Esto consistía en el lavado del oro mediante la erosión del agua que bajaba del río, para lo cual dispusieron de una red hidráulica de aproximadamente 20 km2. A través de una serie de canales emisarios o de explotación (Emissaria), el agua arrastraba el conglomerado por una serie de surcos, previamente excavados, y llegaba a un canal de lavado (Agoga), donde finalmente quedaba depositado el oro.


     La ruta guiada consiste en un itinerario de unos 2 km, que se puede completar más o menos en unos 40 minutos, accesible a pie, de escasa dificultad e ideal para niños y familias. El extraordinario estado de conservación de la zona nos sirve para apreciar la huella de la ingeniería romana... 2000 años después. En el itinerario, aparte de dar a conocer y valorar los recursos naturales de la zona, se explica a los visitantes cómo los romanos consiguieron desarrollar sus trabajos, prestando especial atención a los tres tipos de estructura esencial de la zona: la red hidráulica, los desmontes mineros y finalmente el canal en el que se depositaba y lavaba el conglomerado del que se extraía el preciado oro.

                                                                   

  
    El Centro de Interpretación dispone de varias salas temáticas:
  1. El Oro, en la que se muestran las zonas de producción y las características geológicas de este mineral.
  2. La Romanización, donde se pueden conocer las técnicas de extracción del oro en la época prerromana de los vettones, pueblo de origen celta que habitaba esta zona del Oeste de la Península Ibérica desde el siglo V a. C.
  3. Sistema de explotación romana, en la cual a través de una maqueta a gran escala se explica la técnica de "surcos convergentes".
  4. Las Cavenes y su entorno, con ilustraciones documentadas de la vida cotidiana de los mineros en la zona.

    Además, el centro cuenta con una sala audiovisual, un aula – laboratorio interactiva, un patio romano que alberga diferentes exposiciones temporales y una tienda de minerales.
     Por último existe la posibilidad de realizar un taller de bateo del oro, en el cual recrearemos las técnicas tradicionales de los vettones. Posteriormente podemos analizar los minerales recogidos en el microscopio, y si alguien tiene la suerte de encontrar oro, puede llevárselo a casa.


  













     En definitiva, nos encontramos ante un enclave privilegiado, en el que podemos disfrutar de una entretenida e instructiva jornada alrededor del oro. Una zona que nos aporta un valor doble, por un lado como patrimonio arqueológico y por otro como paisaje natural. ¡No dude en visitarlo! Comprobará que los romanos no estaban tan locos como pensaba nuestro amigo Obelix.     

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